A la desierta plaza conduce un laberinto de callejas.
A un lado, el viejo paredón sombrío
de una ruinosa iglesia;
a otro lado, la tapia blanquecina
de un huerto de cipreses y palmeras,
y, frente a mí, la casa,
y en la casa la reja
ante el cristal que levemente empaña
su figurilla plácida y risueña.
Me apartaré. No quiero
llamar a tu ventana...
Primavera viene ?
su veste blanca flota
en el aire de la plaza muerta?;
viene a encender las rosas rojas de tus rosales...
Quiero verla...
Antonio Machado
Antonio Machado

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